¿A qué jugabas de pequeño?

Juegos infantiles

Es un hecho, la calle ya no es lo que era. Cuando yo era un crío todas las plazas, pistas deportivas, parques y la mayoría de aceras estaban tomadas por ejércitos de chavales jugando a la peonza, al hinque, a la goma y a las chapas. Hoy estas aficiones se han sustituido por otras como mandar SMS, escuchar música con el móvil y contar contactos del Facebook. Vale, algunos todavía juegan a las chapas… pero en su versión virtual para PSP.

Asumo que los tiempos cambian y con ello los juegos infantiles, pero a veces me da pena ver mi barrio vacío cuando antiguamente teníamos que pelearnos entre nosotros por unos metros para dibujar con una tiza (“mangada” del cole) un campo de fútbol. Éramos tantos y jugábamos a tantas cosas que cada tarde (que empezaba a las 16:30) era una auténtica aventura.

Por supuesto que también veíamos anime y jugábamos a videojuegos, pero eran hobbies que compaginábamos con auténticas maratones ciclistas (con chapas claro). Quizás esto es lo que se ha perdido ahora, los videojuegos ya no son un juego más, son el único.

El rescate, la peonza, el hinque, el escondite… míticos juegos que seguro conocéis todos los lectores de La Comunidad (por vuestra edad digo xD).

El rescate

Este era el más sencillo y por añadidura uno de los más divertidos. Se hacían dos equipos y se delimitaba un espacio (en mi caso la carretera era la frontera natural). Un equipo se la “ligaba” y tenía que capturar a los miembros del otro.

Para coger a un “enemigo” había que agarrarle y gritar “¡enria!” palabra de desconocido origen. Cuando eras capturado pasabas a formar parte del equipo que se la “ligaba” por lo que los últimos compases del juego (si llegabas claro) eran un auténtico infierno.

El rescate versión mini

Éste (cuyo nombre no consigo recordar) también consistía en capturar a los demás al grito de “¡enria!” pero las reglas cambiaban bastante. Se jugaba en una plaza pequeña de extremo a extremo. Todos nos poníamos en un lateral mientras que el que se la “ligaba” se quedaba en el centro. Éste elegía a una persona que tenía que cruzar al otro extremo sin que le “pillasen”. Si lo conseguía todo el mundo corría al otro lado.

Cada vez que alguien era capturado se quedaba en el centro y pasaba a formar parte del grupo que se la “ligaba” por lo que con el paso del tiempo lo que era una guerra de un malo contra 20 buenos se convertía en una lucha épica de uno contra todos. Cuando sólo queda una persona sin capturar, si consigue esquivar a todos pasando al otro extremo, el juego empieza de nuevo quedándose únicamente en el centro el que empezó “ligándosela”. Si todos son capturados se va al centro al que primero cogieron.

La liebre

El principio es el mismo que el del escondite: una persona tiene que buscar al resto de chavales que están escondidos en un espacio delimitado. Cada vez que ve a uno debe decir “liebre” más su nombre. Los capturados iban formando una cadena que seguía al que se la “ligaba”. Para rescatarles había que cruzarla “cortándola” con la mano al grito de “¡cortado!”. Esto hacía que el pobre que se la “ligase” volviese a empezar su trabajo.

Era uno de los mejores juegos pero si no tenías buena vista (como era mi caso) era casi imposible ganar, en especial de noche y con amigos tan tramposos como éramos nosotros (hemos llegado a ver capítulos de Bola de Dragón mientras alguien nos buscaba).

La peonza

Me juego el cuello a que voy a un parque y ni el 20% de los niños saben girarla mientras que en mi época era una habilidad fundamental como comer con cubiertos o escribir.

Las reglas eran de lo más sencillas. Se hacía un círculo en el suelo y por turnos había que lanzar la peonza al centro y sacarla de ahí haciendo uso de la cuerda, manos, etc. Si tu peonza no rodaba, no salía del círculo o no conseguías que rodase fuera de él, se ponía en el centro a la espera de que alguien la sacase de ahí mediante un golpe con su peonza.

La gracia del asunto era que cuánto más bestia fueras más posibilidades tenías de romper la peonza de tu “amigo”. Por supuesto estaba permitido tunear tu “arma” sustituyendo las puntas de serie por tornillos que conseguían destrozar una peonza con un par de tiradas.

El hinque

Uno de los más raros pero a su vez más entretenidos. Se dibuja una cuadrícula en un suelo blando formada de dos columnas y 5 o 6 filas numeradas de 1 en adelante. El juego consiste en ir clavando el hinque (generalmente un destornillador) en los sucesivos números mientras vas avanzando por la cuadrícula. Por ejemplo, desde fuera tiramos al 1, cogemos el hinque, entramos en el 1 y tiramos al 2, cogemos el hinque, entramos al 2 y tiramos al 3…

En cada vuelta empezamos en un número distinto, es decir, si en la primera empezamos en la casilla 1, en la cuarta tiramos al 4 (que está bastante más lejos) y entramos en él para continuar con el 5, el 6 y así sucesivamente. Obviamente para entrar no podemos pisar el resto de casillas con lo que había que ser capaz de saltar bastante lejos.

Una vez se ha dado la vuelta debemos clavar el hinque al final del cuadro  y saltarlo sin pisar ninguna línea (una proeza dependiendo del tamaño de la cuadrícula). Si lo conseguimos podemos apropiarnos de una casilla (le llamábamos “un millón”) impidiendo que los demás puedan pisarla. De esta manera, conforme avanza el juego cada vez es más difícil completar el cuadro sin pisar ninguna línea ni ningún “millón” ajeno.

Las canicas

Uno de los más grandes y responsable directo de que los parques estuviesen llenos de agujeros (los llamados “güas”). El juego consistía en golpear la canica de un adversario con la tuya para inmediatamente después meterla en el “güas”. Si lo conseguías podías quedarte la canica a la que habías golpeado. Previo a hacer esto debías meter tu canica en este agujero (era algo así como conseguir el “poder” para atacar al resto de jugadores).

Huelga decir que las apuestas aumentaban conforme pasaban las horas. Seguramente algún crío perdió algo más que unas simples canicas…

El fútbol-chapas

Sin duda uno de los reyes de la calle cuyas reglas no necesitan explicación. Con una tiza (para dibujar el campo), 20 chapas normales para los jugadores, 2 tapones de Coca-Cola para los porteros, una caja de zapatos para la portería y un garbanzo puedes organizar maratonianos campeonatos tanto o más emocionantes que la Champions auténtica (al menos así nos parecía a nosotros).

Se juega por turnos pudiendo mover una chapa o el portero en cada uno de ellos. En cada movimiento podíamos optar por dar pases, chutar a portería o hacer chilenas que consistían en montar el garbanzo en la chapa y lanzarlo haciendo catapulta con ella.

Teníamos tanto vicio y éramos tanto que solíamos jugar tres partidos a la vez.

El ciclismo

Para terminar uno de los más grandes. Nos bajábamos al parque bien temprano, dibujábamos una carretera lo más intrincada y larga posible, la llenábamos de trampas en forma de montañas y curvas imposibles (imitando los trazados del ciclismo real) y a jugar. Las reglas son muy sencillas, en cada turno tirabas tu chapa intentando seguir el trazado. Si te sales vuelves o pisas los bordes de la carretera por fuera vuelves al piso anterior.

Llegamos a profesionalizarnos tantos que jugábamos con un equipo ciclista entero y hacíamos carreteras tan largas que pocas veces llegábamos a terminarlas.

¿A cuáles jugabas tú?

Estos son a grandes rasgos mis juegos favoritos. Esto iba por barrios así que ¿cuáles eran los favoritos de tu barrio?



¿Te ha gustado este artículo? Pues no te vayas que tenemos más:

Vaya, no hay artículos relacionados (aún)


¿Quiéres ayudarnos a crecer? Vota el post. Es gratis y nos haces un gran favor.
Menéame Menéame | Menéame Fresqui | votar






Hay 9 Comentarios en ¿A qué jugabas de pequeño?

Yo viví la moda de los tazos, los gogos (léase gógos, no gogós xD).

También jugábamos mucho con las peonzas y el yoyo, me encantaban ambos xD.

Luego pues… policías y ladrones (un pilla-pilla a lo bestia y con posibilidad de salvación), al pañuelo (o frontera) y no sé… cosas así xD.

Yo me libré de los tazos y los gogos, menudos sacacuartos…
El pañuelo nunca fue santo de nuestra devoción…

añadiendo alguno de los juegos femeninos de la época:
- la goma: pumuky, la máquina de escribir, snackis…
- la comba: una, dola, tela…
- la mariquita…
- las tabas…

pero, sí, mi preferido era el rescate… en el cole jugábamos en el recreo, chicos contra chicas… lo pasábamos genial! XD

Chicos vs chicas: ¿seguro que no era el tocaculos?

Buenas tardes.

Acabo de leer en vuestra web la descripción del juego del hinque.
Cuando éramos pequeños jugábamos muchísimo a este juego, ya fuera con una barrita de hierro o un destornillador.
La cuestión es que no recuerdo si jugábamos de la misma manera que describís en la web.

¿Sabéis de la existencia de algún video o imágenes sobre el juego?
No encuentro nada al respecto.

Buff, ni siquiera creo que exista un nombre oficial al respecto. Para hacer el artículo estuve documentándome y no encontré nada. Sorry.

yo no me meto a leer para que en la mitad de los juegos me llame tramposo el escritor era la tipica picaresca de el cuadrado

Una verdadera lastima que los juegos meramente tradicionales se pierdan a favor de otros juegos que no implican la relacción directa con los semejantes y su entorno. Y lo peor es que parece que vamos cuesta abajo y sin frenos.

“la tipica picaresca de el cuadrado” jejeje, buen nombre para hacer trampas y darnos de palos xD

“lo peor es que parece que vamos cuesta abajo y sin frenos.” Bueno, hay que adaptarse a los nuevos tiempos y a resignarse a ver los parques vacíos y las habitaciones llenas de niños jugando a la “pley”


Deja un comentario