Visita al Palacio Imperial de Tokyo

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Después de una cena que estuvo a punto de acabar en desastre, descansamos y nos preparamos para nuestro primer día en Tokyo.

La capital de Japón es una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo. Su área metropolitana supera las de Madrid y Barcelona juntas y da cobijo a nada más y nada menos que 38 millones de habitantes. Es muy difícil separar lo que era el antiguo Tokyo del mar de edificios y carreteras que lo rodean, pero aún así se estima que más de 8 millones de personas viven en los apenas 630 kilómetros cuadrados que ocupaba la antigua Edo.

Teniendo en cuenta estas magnitudes, os podéis hacer una idea de la cantidad de templos, barrios, espectáculos, museos, etc. que podréis ver. Es por esto que es muy importante dedicar varios días a leer guías y blogs de viajes para decidir qué os resulta más interesante.

Independientemente de vuestros gustos, no podéis dejar de acercaros a las inmediaciones del Palacio Imperial (皇居 – Kôkyo) al cual se llega desde la estación de Marunouchi. Las dependencias sólo pueden visitarse dos días al año (el día del cumpleaños del Emperador y el 2 de enero, que es cuando se celebra el año nuevo) pero tanto los jardines como las vista que se tiene de los edificios realmente merecen la pena.


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La mayoría de los monumentos de Japón (templos, castillos, etc.) no son más que reconstrucciones de los edificios originales. Esto se debe a la utilización casi exclusiva de madera a la hora de construirlos y a las numerosas guerras que han asolado las islas, en especial la 2ª Guerra Mundial donde se bombardearon muchísimas ciudades (afortunadamente Kyoto se salvó, pero esa es otra historia de la que ya hablaremos).

El Palacio Imperial no es una excepción y lo que ahora vemos nos es más que una reconstrucción llevada a cabo en 1968.  En esta obra se respetó el estilo original por lo que, si nadie nos lo dice, pensaremos que estamos ante un auténtico castillo medieval.

Como se ve en el mapa, toda la zona es un gran pulmón verde en medio de la inmensidad de Tokyo. El contraste entre esta gran zona ajardinada con los edificios que lo rodean es realmente espectacular.

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El Palacio está rodeado de varios jardines: Kokyogaien, situado justo delante de los edificios principales, East Gardens a su derecha y Kitanomaru Garden que está justo detrás. Nosotros nos quedamos en el primero, desde donde se tienen las mejores vistas de los edificios del Palacio.

Todo el recinto está rodeado de un muro defensivo y un amplio foso inundado (más bien parece un río) que hoy tiene más aspecto de parque recreativo que de construcción defensiva. Aún así el tamaño de ambos nos da una idea de la importancia del Palacio.

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Pero estos no eran los únicos elementos defensivos del recinto ya que el acceso a los edificios se hace a través de una serie de espectaculares puertas. Hoy en día no son más que una curiosidad, pero en su época conformaban uno de los conjuntos defensivos más inexpugnables del país.

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Hoy en día no hacen falta tantas medidas de seguridad debido el bajísimo índice de criminalidad de Japón, pero aún así nos encontraremos con algunas garitas tan “seguras” como la siguiente.

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Ya en la plaza central de Kokyogaien, nos encontramos con una estatua de Kusunoki Masashige, señor feudal del siglo XIV que se convirtió en símbolo nacional por su extrema lealtad al Emperador la cual, como era normal en la época, le condujo a una honrosa muerte (se suicidó por no poder ganar el combate) en el campo de batalla.

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Ese día (domingo 5 de octubre) tenía que celebrarse algún tipo de carrera popular ya que el parque estaba repleto de gente vestida con ropa deportiva y calentando. Incluso podían verse grupos de niños vestidos con el mismo chándal que, o bien pertenecían a una cruel escuela que les obligaba a hacer educación física los domingos, o bien eran miembros de algún club de atletismo.

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Toda la zona ajardinada está repleta de una variedad de pinos típica del país. Son bastante curiosos ya que cada rama culmina en una especie de isla o nube de hojas.

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Desde el extremo del parque podremos admirar los edificios que conforman realmente las dependencias del Emperador. Como en casi todas las construcciones japonesas, la materia prima principal es la madera, lo que les a permitido dar forma a unos edificios muy coloridos con multitud de elementos decorativos.

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Sigo dudando de su eficacia como fortalezas, pero hay que reconocer que los castillos nipones están entre los más bonitos (e inflamables) del mundo.



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